Repite después de mí: no hay mamá perfecta

“Me hubiese gustado que la maternidad hubiese llegado a mí encontrándome más madura”, reflexiona Lorena Salmón. Al final, nos dice, la maternidad real nunca es perfecta.
20 agosto, 2021
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Por Lorena Salmón Periodista y autora del blog “Que seas muy feliz”

Entiendo, todo empieza con una ilusión: queremos ser las mejores madres que jamás haya existido. Le daremos a nuestros hijos todo el amor posible y todas las cosas que a nosotros como hijos nos faltaron; no repetiremos los errores de nuestros padres, oh no.

Pero una cosa es un objetivo razonable y medible, y otra cosa es un imposible.

 

Lorena Salmón es autora del blog “Que seas muy feliz”: “Una confesión: mi primer hijo llegó sin buscarlo, y la segunda también”.

 

No hay madre perfecta, así como no hay humano perfecto tampoco. De serlo, hubiésemos ya traspasado esta dimensión y no seguiríamos reencarnándonos vida tras vida. Por eso, mentalizarnos en convertirnos en algo que jamás seremos solo nos causará frustración.

Nos vamos a equivocar. No una, dos, tres veces, sino a lo largo de la vida. Como seres humanos y como madres.

Pero no dejemos que la realidad nos reste optimismo, lo bonito y mágico es aprender a reconocer que, aunque nos vayamos a equivocar, lo que importa es el aprendizaje del proceso.

Me costó tanto ser madre en la etapa infantil de mis hijos, que escribí un libro al respecto sólo para conocer acerca de cualquier método o herramienta que me permita ser una mejor mamá. No una que se sentía culpable por todo o que se sentía perdida y sobrepasada por sus emociones.

 

 

Una confesión: mi primer hijo llegó sin buscarlo, y la segunda también. Nunca fui de esas personas que soñaron con la maternidad y tienen planes al respecto; no, a mí me cayó drásticamente, de ahí mi frustración, mi constante equivocación en establecer prioridades, en poder encontrar una forma de crianza asertiva, responsable. Cuando me di cuenta de que tenía que trabajar en mí primero, comencé un camino más productivo: sanarme a mí para criar hijos felices y no perfectos.

¿Lo vengo logrando? Creo que lo importante, y en lo que trato de enfocarme, es en hacerles entender que somos falibles, que a veces se hacen promesas que no se cumplen, que las emociones hay que aprender a manejarlas para que no nos dominen y podamos actuar con más coherencia.

Yo he perdido los papeles frente a mis hijos demasiadas veces. Me hubiese gustado que la maternidad hubiese llegado a mí encontrándome más madura. No fue así: lloraba encerrada en el baño sobrepasada por ser mamá. No obstante, fue la razón y motor para pedir ayuda, acudir a terapia, llorar mis frustraciones y comenzar a ser adulta, al mismo tiempo que mamá.

Creo que ser sincera en mi humanidad y entender que el amor incondicional se trata de aceptar a nuestros hijos como seres individuales, y nos los receptáculos de nuestros sueños frustrados, es la clave.

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